El reconocido guionista asegura que el popular espacio de Radio Progreso retó a su voluntad y creatividad

¿Es usted lo que suelen llamar un “fiel oyente”? ¿Se cuenta entre los que, sin rubor, afirman amar la radio en tiempos de “dictadura audiovisual”? ¿Por casualidad sintoniza de vez en vez Radio Progreso, La Onda de la Alegría? ¿Gusta de reír y reflexionar en un rato de solaz y esparcimiento?

 

Imagine entonces que un mediodía cualquiera –o pasadas las 8:00 p.m.–, no encuentra en el dial la sonora carcajada de Estelvina, las ocurrencias de Lisandrito o las parrafadas de un “cuadro” como el circunspecto Sandalio. ¿Qué significaría para su salud auditiva, estado de ánimo e incluso la cultura nacional, extraviar el camino hacia el edificio más conocido de Cuba, al que nos conduce desde hace más de 50 años Alegrías de Sobremesa?

Alberto Luberta (La Habana, 1931) es (re)conocido por su prolijidad y constancia para escribir los guiones del espacio. Se levanta muy temprano y comienza a teclear, sin pausas, los bocadillos que llegarán a los actores poco antes de la transmisión, “en caliente”. Sin embargo, cuando por ley de la vida no esté, ¿quién asumirá ese difícil reto?
Ante la posible desaparición de tan popular espacio, se impuso un diálogo con el Premio Nacional de Humorismo 2001 y Premio Nacional de Radio por la obra de la vida (2002).

Recién cumplidos los 84 años, el 27 de septiembre, el “padre” de legendarios personajes como Rita, Paco, Sarría, Juanca, Melesio Capote, Teté, Maggie y la todavía “mulatísima” Estelvina o Leo “La caimana”, exhibe una lucidez y ánimo envidiables. No obstante, desde hace varios años muestra preocupación por el posible relevo.

¿Por qué corre el riesgo de llegar a su fin Alegrías de Sobremesa, uno de los programas –si no el más- , populares de la radio cubana?
Lo más importante en un programa humorístico, lo que determina por encima de todos los demás elementos que lo componen, es: EL PERSONAJE. Da vida a lo que su autor quiere reflejar. Y sembrar un personaje en el día a día de quien nos escucha, en algún punto del país, es una labor que requiere tiempo. Y tiempo han tenido mis personajes actuales para lograr que el espacio cumpla exitosamente su medio siglo.

Lo digo sin ampulosidad de ningún tipo, puesto que si Alegrías… no es hoy lo que fue de los años 70 al 90, sigue estando entre los 10 programas que más se escuchan en la Radio Cubana. Así que sin responder su pregunta le he dicho el por qué se corre el riesgo de llegar a su fin. De 15 personajes, con los que habitualmente desarrollaba mis situaciones, solo siete han podido disfrutar sus 50 años.

¿Cómo valora el estado de la formación de guionistas para la radio?
Estamos empeñados en la formación de escritores humoristas para la radio. Con ese fin me reuní con un numeroso grupo de talentosos jóvenes del Centro Promotor del Humor. Y subrayo talentosos puesto que considero que el talento para escribir sobra, pero ¿es acaso lo mismo escribir para la radio?
¿Existe una formación especializada para el guionista humorístico? ¿Dónde y cómo se logra, en caso de haberla?
Nos comprometimos a organizar un taller, no para hablar de humor, porque humoristas serán tanto los profesores como los alumnos. El material de estudio contemplará: lenguaje radial, diseño de personajes, aspectos técnicos, glosario radial, etcétera.

¿Es buena la salud de los programas radiales humorísticos? ¿Cuál es el estado del humor costumbrista en nuestro país?
Llevo un gran número de años en la radio y soy, al mismo tiempo, fundador de la televisión. Gracias a ello, puedo hablar con entera libertad de ambos medios en cuanto a programación humorística.

Muchos recordarán en la pequeña pantalla espacios como Detrás de la fachada, San Nicolás del Peladero y Casos y cosas de casa, por citar algunos; y en la radio La tremenda corte -que derivó en nuestro embajador del humor-, A reírse rápido, Chicharito y sopeira.

En la primera mitad de la década del 60, Radio Progreso mantenía cuatro programas humorísticos diariamente en el aire: Lo mejorcito del barrio, Ñico, Tecla, Elio y Flora con ustedes media hora, Sabor y ritmo a las siete y Variedades Radio Progreso. Todos costumbristas y de gran audiencia.

Hoy, estoy completamente seguro, no hay cuatro programas radiales de este tipo en todo el país. Y cuánta necesidad tenemos, en las circunstancias actuales de nuestra sociedad, reflejar la sustancia de lo que somos de esa forma con que el cubano se mira a sí mismo y al modo en que vive, con el gracejo que nos caracteriza.

¿Qué no puede faltarle al o a los guionistas que continúe(n) sus pasos en el programa?
Mi gran preocupación es lo que exige el medio para mantener un programa diario que logre la aceptación del público oyente: ENTREGA TOTAL. Hay que dedicarse por entero a la creación, y este entrenamiento -se lo dije a los muchachos del Centro Promotor del Humor con quienes me reuní- es de lo que ellos carecen.

¿Cómo lograrlo?
¿Qué es lo mejor y lo peor –si lo hay-, que le ha dejado Alegrías de Sobremesa?
La radio le dio sentido a mi vida. Aunque a través de mi carrera he escrito programas de todo tipo, Alegrías de Sobremesa fue un reto a mi voluntad, a mi poder creativo, a mi afán de que la vida, por dura que sea, pueda regalarnos una sonrisa más que agradecida. Reto que acepté y del cual, después de medio siglo, me siento más que satisfecho por los resultados.

¿Qué le falta por escribir o hacer a Alberto Luberta?
Dejar constancia impresa de mis memorias, que al mismo tiempo serían las memorias de Alegrías de Sobremesa.