La verdadera historia de una institución estatal de humoristas, única en el mundo, contada por sus protagonistas durante 20 años. De eso y más podrán disfrutar quienes lleguen este jueves al capitalino cine Chaplin, donde se realizará la premier del documental CPH Aquelarre, de Jorge Alberto Piñero (JAPE), y que en 57 minutos nos invita a transitar por la vida del Centro Promotor del Humor (CPH), institución encargada de la promoción y representación de esa manifestación artística en el país.
A partir de múltiples comentarios de los más cercanos protagonistas se consigue un profundo conocimiento de cómo surgió el CPH y su evento Nacional Aquelarre. La interesante producción cuenta con Luis Enrique Amador Quiñones, la dirección de fotografía de Dexter Reyes, la edición de Sergio Morlán, así como el diseño y animación de Ramiro Zardoya. Todos se unieron para entregar una obra donde se perpetúa el humor cubano como género identitario de la nación.
Visto en la recién finalizada edición 38 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, éste constituye el primer documental producido totalmente por una entidad de las artes escénicas y se trata de una obra reflexiva que incluye opiniones de importantes personalidades del sector y la cultura como Abel Prieto, Fernando Rojas, Carlos Ruiz de la Tejera, Osvaldo Doimeadios, Alejandro García (Virulo), Carlos Gonzalvo (Mentepollo), entre otras.
Impulsar la creación audiovisual humorística es realmente una intención muy marcada del CPH y en tal sentido nació esta propuesta. Según cuenta JAPE al decidir el proyecto se pensó en un simple documental que recordara la fecha, pero cuando empezaron hicieron el trabajo de mesa y quienes podían opinar sobre el suceso, se dieron cuenta que existía mucha gente valiosa que habían participado no solo en la fundación del centro allá en 1994, por iniciativa del entonces Ministro de Cultura Armando Hart Dávalos; sino también de nuestro humor.
Hablamos, por ejemplo, de más de una decena de premios nacionales en esta categoría y de otras figuras relevantes del sector. Con todo ello vimos que teníamos un material tremendo que daba más allá de un documental y que iba se lamentable desechar tanta información útil, comentó el también director artístico, quien añadió que a partir de esa propuesta decidieron hacer una serie documental donde se abordara el humor desde diferentes aristas.
Surgió así la serie Vivir y morir de la risa, de 12 capítulos dedicada al rescate de la memoria del CPH y al estímulo de la crítica especializada sobre el humor. Su cuarto precisamente CPH Aquelarre. En tal sentido JAPE puntualizó que en el mismo está toda la génesis del humor cubano, desde los tiempos de la colonia hasta la actualidad, pues ese arte forma parte indiscutible de nuestra idiosincrasia y nos define también como nación.
“Ese es uno de los aportes del documental. En toda la investigación realizada para el mismo aflora que nuestro humor es un cronista de las artes escénicas. Al indagar con los entrevistados fue como si revisaras la historia de las luchas independentistas, incluso, desde una visión mucho más popular. Hoy es muy difícil desvincular el humor de todo lo que hacemos por muy serio que parezca, pues siempre estuvo presente de alguna manera”, aseguró el protagonista del grupo Nos y Otros, con el cual participó en diferentes proyectos de cine, teatro y televisión.
¿Difíciles los entrevistados del documental?
—Algunos si, otros no. Lo que si me impresionó es que cuando pones el humor sobre la mesa son muchos los que agradecen que le preguntes sobre ese tema. Hay entrevistas sorprendentes de personalidades que siempre defendieron la existencia del CPH como las que ya hemos mencionados, pero también hay que reconocer que hubo otras que no apostaban por nuestra propuesta, pensaba que en esa fecha no podía existir un Centro revolucionario, popular y artístico que fuera subvencionado por el Estado. Sin embargo lo hecho en estos 20 años ha demostrado su valía, pues ha desarrollado una intensa labor en la promoción, representación y divulgación del trabajo de los más importantes grupos y solistas que hacen humor en la escena cubana actual.
¿Qué otras propuestas llegaran como parte de Vivir y morir de la risa?
—Bueno estamos pensando abordar temas como la mujer en el humor cubano, la literatura humorística y el humor gráfico, esferas que el centro ha asumido como parte de su labor. Igualmente pensamos tratar todo el trabajo que ha desarrollado la televisión con propuestas tan interesantes y populares como el programa San Nicolás del Peladero, que se mantuvo al aire entre el 19 de diciembre de 1963 y el 23 de diciembre de 1983, Detrás de la fachada, de los años 70 que tanto hizo reír a los cubanos o Sabadazo, el programa televisivo más popular de la década de los noventa.
¿Qué le falta al humor cubano en la actualidad?
—La crítica, hoy en Cuba hay muy poca crítica alrededor del humor. Falta un ejercicio de la crítica especializada que de verdad sea sólida, seria y constructiva para el espectador, pues los gustos estéticos también se forman a partir de este trabajo y el artista va adecuando su obra a ello. Sucede que muchas nadie quiere hacer crítica para no complicarse la vida y lo que nadie imagina es que a veces un buen creador puede estar equivocado y creer que lo que está haciendo es bueno, entonces esa ausencia de crítica no ayuda ni al género, ni a los creadores, ni al público.
“Un ejemplo de que si se puede hacer buenas cosas y de que se están dando pasos en este tema es que aquí no se había hecho una publicación tan fuerte como la que hizo el periódico Juventud Rebelde un día después del fallecimiento de nuestro Fidel, con un grupo de caricaturas sobre él. Nadie puede olvidar que se ha convocado a que el humor también sea una forma de comunicación, de escenario para reflejar nuestros triunfos pero también de asuntos que nos golpean. El humor es un lenguaje inigualable y tiene mucho que aportar para seguir fortaleciendo nuestra política cultural, esa que defendió desde el inicio de la Revolución Fidel.
Para un hombre, que lleva más de 25 años como integrante del suplemento humorístico Dedeté, del periódico  Juventud Rebelde, ¿cuánto le aportó un documental como CPH Aquelarre?
—Es una de las cosas más importantes que me ha pasado en mi vida profesional, sobre todo como realizador. En cada entrevista, filmación, encuadre…está la entrega de un creador. Ha sido una prueba de fuego y el hecho de que haya participado en el 38 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano me compromete a continuar produciendo una obra que cultive al público. Lo que más deseo es que el documental se convierta en material de consulta, y aunque no sea todo lo divertido que uno pueda esperar si va hacer todo lo reflexivo que necesita en este momento el humor cubano.

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