Hace poco tuve la agradable posibilidad de coincidir en La Habana con el estreno de La Cita, una obra escrita por Andrea Doimeadiós y actuada excelentemente por ella y la actriz Venecia Feria, bajo la dirección de Osvaldo Doimeadiós, en el teatro Bertolt Brecht.

De Doime, desde hace muchos años, no puede esperarse otra cosa que no sean éxitos. Su trayectoria, en el humor o fuera de él, es algo que ya forma parte de la cultura cubana, y me atrevo a decir que a los más altos niveles. Así que voy a hablar de la obra, que más allá de las partes que la integran, se erige como un organismo que convierte la escena en el campo de batalla donde dos actrices exponen la sustancia de la que están hechas. Porque esta obra es, sobre todo, agón, enfrentamiento, diálogo, desafío; no podía ser de otra manera cuando dos mujeres se encuentran en las tablas.

La Cita es el recorrido por la condición humana del actor, y a la vez por su esperanza, por el poder de convertir el revés en histeria, por la visión del que mira alrededor y solo ve lo que pasa alrededor, o por el camino que nos lleva al interior de nosotros mismos. Es una exégesis del teatro hecha por sus protagonistas, una revisión de sus conceptos y sus funciones justo en el instante en que se van utilizando.

Pero La Cita es también (¡qué bueno!) una comedia, una obra divertida desde sus inicios hasta sus finales, un juego de erudición con el lenguaje y la cultura, una sintaxis que se construye con códigos viejos en lugares nuevos, subvertidos, recontextualizados, ofrecidos a través del cuerpo, la palabra y la energía de sus actrices.

El humor cubano necesita de obras como esta para seguir sobreviviendo, necesita salir de los lugares comunes y volver a entrar en ellos de otra forma; y es bueno creer que así como Osvaldo Doimeadiós lo enalteció en su momento, hay una descendencia capaz de continuar una labor tan noble. Andrea ha sabido articular un buen guion que, para que no queden dudas, ha defendido en parte ella misma de manera magistral. Y por si esto no fuera suficiente, la escena se inclina también ante el ímpetu de Venecia, con una actuación envidiable. Ambas llevan consigo la pasión y la técnica teatral de la mano del distanciamiento y la indiferencia del humor, como grandes actrices que se merecen todo el aplauso.

La Cita estará una temporada en escena, esperemos que lo suficientemente larga para que pueda ser apreciada por todo aquel que quiera ir, más allá de la risa, a los conflictos humanos que la provocan. Usted verá en ella estas u otras cosas. Para mí ha sido una alegría (re)encontrar a dos excelentes actrices, «agonizando» sobre las tablas, esas tablas que en sus orígenes no fueron hechas para ellas; pero que se han sabido ganar con el tiempo y con obras como esta.

Tomado de Juventud Rebelde , DDT