Cada martes, miércoles y jueves, a las 7 de la noche, el Café Teatro del Complejo Cultural Bertolt Brecht convoca a una velada toda placeres y risas. La propuesta, que se identifica ante el espectador con el nombre de La cita, está dirigida por el conocido actor Osvaldo Doimeadiós y escrito por su hija Andrea Doimeadiós, actriz que se prueba esta vez como dramaturga.

La cita presenta múltiples historias nucleadas de manera independiente en una estructura a cuadros. Mientras dos actrices esperan para hacer un casting discuten sobren cuál de ellas debería poseer el rol de leona; en la época colonial, dos primas conversan sobre la esclavitud y el racismo con remarcado erotismo; una mujer se hace dos cirugías plásticas negada ante su físico horrible y, por consiguiente, de su incapacidad para conseguir novios a largo plazo; una monja predica el Evangelio, pero lleva una doble vida como prostituta; dos mujeres: Miss Sufrida y Marilyn, aguardan por sus esposos en un bar, y durante la espera Sufrida seduce a Marilyn; un sicario se encuentra con la amante, pero la muerte lo sorprende antes de llevársela lejos; por último, dos estudiantes de preuniversitario hablan sobre puntos wifi y la relación Cuba-EEUU so pretexto de la inauguración de su escuela.

Cada escena trascurre cual collage de intertextos, metalenguajes y, obviamente, todo tipo de citas a libros, canciones y películas emblemáticas de la historia del cine como Verde verde (Enrique Pineda Barnet, 2012) y Clandestinos (Fernando Pérez Valdés, 1987). Siempre bajo un tono de parodia, sátira y humor, en general, amén de los temas trágicos también contenidos. Sin embargo, lo más fascinante en el tono humorístico que refiero es la capacidad del dramaturgo y el director para crear un texto y escenas risibles al espectador, con dramaturgias autónomas.

En el primer relato, lo hilarante deviene mezcla entre lo académico de la actriz uno y la ignorancia de la actriz dos. Esta última, utiliza su conocimiento teatral para hablar de categorías concernientes a la línea de acción del héroe trágico como: la hamartía, la anagnórisis, la hybris, el pathos, que establecerán todo un juego desenfrenado de ridiculización. En la segunda historia, debido a las ocurrencias de las primas para (re)plantearse los abusos de la colonización como divertimento sexual, tras un diálogo todo el tiempo morboso y con insinuadas referencias al oyente. El tercer relato introduce el humor mediante imágenes grotescas (pertenecientes a las cirugías del personaje, momentos en la intimidad) que construye la muchacha mediante su monólogo-documental, como una suerte de viaje hacia la desgracia de su vida pasada. En la ficción de la monja-prostituta, el humor yace en la propia construcción dual del personaje. A partir también de la locura, las malas palabras, la lujuria, los gritos, unido al comportamiento más puro tras repentinos cambios de conciencia.

En la quinta historia, la protagonista del humor es la cita. A decir verdad, la escena funciona como una gran cita de dos mujeres paradigmáticas de la historia del arte. Miss Sufrida, la pintora mexicana Frida Khalo; y Marilyn, la sex symbol estadounidense Marilyn Monroe. Luego de un primer acercamiento analicemos que hay una suerte de calcomanía del referente, procedimiento que funciona como componente risible. El auditorio ríe a propósito de la relación de Miss Sufrida con su esposo Driogo (referencia al muralista Diego Rivera), y a la historia de Marilyn con el dramaturgo Arthur Miller, su esposo de varios años. Son también motivos de distensión las imitaciones de acentos mexicano e inglés en los parlamentos.

En la escena del sicario, se parodia una secuencia típica del cine negro. Por un lado, aparece el personaje de la femme fatale, quien simula ingenuidad no obstante a ser “fría y calculadora”. Por el otro, el personaje del asesino a sueldo que demuestra en principio dominio de sus sentimientos, pero que luego sucumbe ante los encantos de la mujer fatal. El director se burla del género cinematográfico a partir de un recurso sonoro: el “doblaje” de la voz. También utiliza la enfermedad mortal -de esta mujer- que surge de repente e impide al sicario llevarse lejos a la femme fatale. Y el personaje colectivo de los niños que agreden con malas palabras al matón.    

Por último, en el relato de los estudiantes, el artilugio principal es el tono de discurso aproximado a sucesos reales como: la aparición de redes wifi y el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y EE.UU. El humor nace también mediante la unión de vocablos correspondientes a las redes sociales o la tecnología, con palabras de uso común.

La cita destaca por los cambios de atuendo realizados en escena con ayuda del vestuarista. Los atuendos transitan por una amplia gama de posibilidades –desde el hábito de la monja con la ropa interior de prostituta, hasta los trajes rojos de las actrices, las pelucas...– dialogando también con una cierta espectacularidad estética. El espacio, amén de sus reducidas dimensiones, posibilita las locaciones del casting, la casa de la millonaria, el bar, a partir de un banco dividido en dos que se arma y se desarma, como bien logrado elemento escenográfico.  

Andrea Doimeadiós y Venecia Feria fascinan por la cantidad de personajes que interpretan, todos de una caracterización diversa, en una escena dinámica. También por los cambios en los registros vocales afín de simular las variaciones entre un personaje y otro. Felicitamos la compenetración lograda entre ellas mismas, inclusive cuando se les olvida un texto, lo cual nos lleva a una garantizada noción de partenaire actoral. Quisiéramos además elogiar de manera independiente a Venecia Feria, por su monólogo de la mujer fea; tal desempeño en dicha escena fue todo el tiempo orgánico, verosímil, real. La actriz utiliza el recurso de acelerar y picar los textos de manera atinada.

Ha descollado Osvaldo Doimeadiós por el trabajo de dirección en La cita. Hay en la propuesta una estudiada gestión de cómo armar las historias a partir de elementos serios y humorísticos, tras una notable síntesis y coherencia. Resalta su capacidad de crear chistes inteligentes, que exponen nuestras verdades sociales desde lo sutil, así como su mano de orquestador escénico como guía actoral, por lo bien logrado de las caracterizaciones de los personajes. La cita es una clase magistral que entretiene de manera sagaz, sublime muestra del curso que debería tomar el humor cubano.    

 Tomado del Portal de las Artes Escénicas Cubanas .

 

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